Si se es un bueno para nada, o si no somos útiles para nada, se corre el riesgo de permanecer a la izquierda del gran mercado laboral, donde todas las aptitudes y talentos son moldeados hasta el punto de conseguir trabajadores eficientes, tan capaces como lo exija la demanda. A propósito de demandas, una de las cualidades más solicitadas es la capacidad de trabajar bajo presión, para, ya se sabe, salir del peso de las máquinas rotuladoras con el sello monetario impreso en todo nuestro ser. Eres, podrá decir el empleador, material moldeable en mis manos, que en pocos meses relucirás como un doblón -querrá decir como un doblado. Aún los más románticos, palabra que habrá que analizar, pues ha mucho se pervirtió, se venderán como verdaderos forjadores de diamantes. Bajo presión el carbón se convierte en piedra preciosa. Pero encontramos un defecto en esta última metáfora, pues el diamante será precioso para siempre, mientras que el trabajador tiene una vida útil, la cual puede devaluarse o mermar. No, más bien lo que hacen los grandes empleadores es sellar al vacío. Extraen todo el espíritu creativo, verdaderamente ágil y creador del ser humano, para que no se corrompa el servilismo (la expresión más baja del ser humano) con fábulas superfluas. Eres un esclavo que puede ser más o menos feliz si haces como nosotros te decimos.
Así queda reducido el ser del hombre a la supervivencia. Trabajar para sobrevivir; sobrevivir para trabajar. Todo cuanto resulte en este modelo falto de elevación espiritual no será sino supervivencia. Veo en este rasgo la reducción total del ser del hombre a la de objeto. El hombre del subsuelo ya no puede elevarse, está bajo tierra porque el mundo es principalmente polvo. Todo cuanto sucede responde a la ley natural de sobrevivir por la fuerza. Mentir, halagar y crear tienen el mismo estatus estético y político. Los románticos se dicen subterráneos porque al menos ahí pueden revolcarse sin ningún tapujo. Esto es lo que existe, mi poder es criticarlo, analizarlo bajo el lente de la ciencia más rigurosa. No pido perdón, porque no tendría sentido. No me aprovecho de los más inocentes, porque aún me queda un gramo de decencia. Así soy feliz, sabiendo que no se puede ser feliz. Tal vez por aquí podamos empezar, por el rebelde del subsuelo. Rebelde, apunta bien, recupera tu vista, mira al frente por que luchas, la justicia, no dejes que conviertan tu santa desesperación en un show más, en un artículo de consumo. Recupera tu causa, rebelde, explica la justicia fuera del ámbito terrenal.
Si trabajamos para recuperar el sentido de las cosas, habremos actuado libremente. Demostraremos que hacer es ser y no manipulación, abolición, esclavitud, sobrevivencia.
Iván
Rayos repentinos
Una de las consecuencias de vivir en un mundo donde la justicia se ha convertido en asunto de fuerza e influencias se puede ver en la lucha en que han vivido los mineros de Cananea desde hace 15 años, donde se les niega toda posibilidad de una vida digna. En el mismo número de La Jornada se encuentra un artículo bastante interesante sobre el problema a que se enfrentan los inversionistas hoy día, la novedad. La novedad es tan efímera que se debe estar bien seguro de en qué se va a invertir, o se deben generar las condiciones para que la nueva novedad sea una necesidad. Lamentablemente las inversiones crean más pobres. La creatividad al servicio de la esclavitud. Ya Gabriel Zaid ha advertido otra veces de esta falta de verdadera creatividad en el mundo empresarial.
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