jueves, 23 de septiembre de 2021

La cotización del deseo

Una proveedora de contenido para adultos, ha dicho recientemente, ante las peticiones de algunos usuarios que le pedían mostrara una o dos fotos para saber qué tal está la mercancía, que <<mis desnudos no pertenecen a la canasta básica, [por ello] no doy probaditas, [pues] ni que fuera puesto de frutas>>. Completamente de acuerdo. Lo erótico en cualquiera de sus manifestaciones no pertenece al consumo, sino a la libertad, de acuerdo a cómo entendemos y manifestamos ese deseo de copular, pertenecer, apropiarnos, reunirnos, ser uno con otro. Extraño fenómeno es el consumo de packs, desnudos o videos personalizados donde dicen tú nombre mientras ella o él se masturban. La cotización del deseo es, quizá, el más alto valor de nuestra sociedad moderna. A falta de habilidad emocional, deposite tanto en pay pal. 

Quien vende estos productos debe fincar su negocio en la siguiente interpretación: El deseo sexual es la fuerza productiva más remunerada, a la vez que es el primer motor de muchas ramas de la economía, el deseo de ser deseado, desear a secas. La naturaleza humana, sexualizada por las mismas fuerzas de su nacimiento, se va educando en el consumo o producción de lo erótico, sensual, sexy. ¿Quién no se ha tomado una fotografía para saber cuántos likes puede obtener? Algún mercader ha sabido aprovechar esto, declarando que los likes se pueden volver plata. -No, si yo no estoy en contra de estas personas, sólo me sorprende la contradicción evidente: consume mi producto, pero no me veas como mercancía. ¿Somos víctimas de un sistema que nos orilla al falocentrismo?, ¿o somos tiranos unos de otros? ¿Somos libres de explotar nuestra sensualidad? o, ¿no nos queda de otra?

La canasta básica atiende al consumo mínimo, pero digno, para que una persona o familia pueda alimentarse bien. Esto del alimento es un derecho universal. Si no existen las fuerzas físicas necesarias para actuar o pensar, una sociedad se desarrolla lentamente. Sin embargo, nuestras sociedades muestran contradicciones en este punto, pues la avaricia de muchos de nosotros, es decir, el deseo desmedido por poseer para complacer algún deseo carnal, deja sin poder adquisitivo a los más pobres. Esta avaricia, que encuentra su fuego en la lujuria, quisiera consumirlo todo para, precisamente, avivar más la llama. El fuego de la lujuria no nos reúne, sino que consume, en su acepción de desintegrar. En medio de todo este incendio, está el desarrollo libre de la personalidad, que sin ninguna trascendencia, se explaya en la naturaleza única del hombre. El cuerpo es el tesoro próximo, la propiedad única. Deber de cada hombre es acrecentar este tesoro, alimentándolo bien, consintiéndolo con vino, comida, comodidades, halagos. Luego, desde que el adolescente descubre su sexualidad, esa fuerza vital que le palpita la piel, la pornografía debería pertenecer a la canasta básica. 

La pornografía es el mercado del cuerpo sexualizado, dirigido con mayor volumen al consumo masculino (aquí una desigualdad adquisitiva*). La definición abarca desde lo clandestino, hasta las revistas con buen gusto artístico que circulan por montones en las capitales del mundo. El cuerpo es objeto de consumo, porque, en muchos casos, se tortura a la criatura para que actúe así. En otros, no se encuentra alternativa, o es esto o muero de hambre. Hay contados casos, que comienzan a crecer, donde se incursiona en el mundo de la pornografía por puro morbo, es decir, curiosidad de ser o probar eso que aparece en pantalla, ser objeto, experimentar lo desagradable por placer. 

Por más positivismo que haya al momento de cuantificar las ganancias, el número de participantes activos y pasivos en el mercado de la pornografía, la indignación siempre estará presente. El pudor no es vergüenza malsana, sino temor a perder la dignidad bajo la mirada del lobo. La normalización del eros debe ser una lucha constante, en la que el desarrollo pasional de la persona se respete y aliente, pero no puede haber una verdadera exaltación del eros, si se reduce al hombre a objeto o si se ve esta fuerza como un demonio destructivo, merecedor de todos los castigos. El gasmoñerismo tampoco es la solución. Estoy seguro que esta práctica no estaría presente en una comunidad en donde seamos personas eróticas, en lugar de objetos sexuales. 

Iván


*En este sistema social en que gobiernan Ford y Freud, el hombre comprende que posee el derecho para consumir tales productos, la mujer, por su parte, aún no goza de tales derechos (?).

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Divagación de fin de año

Termina el año, un año más, y por primera vez veo mi pasado con cierta claridad. De aquel muchacho desconfiado, orgulloso y ansioso de amar ...

y siguen dando