domingo, 26 de septiembre de 2021

Amor (la muerte de los dioses)

 ¿Qué será el amor? Parece ser una fuerza, algunos le ponen dientes, garras, agilidad para infiltrarse, saltar cual leopardos, mordedura venenosa; otros más pudorosos hablan de él como un empujarse los unos a los otros, como una ola que encuentra su va y ven en las palabras, hermosas, susurrantes, brillantes palabras, contratos no escritos, acuerdos del cómo y para qué establecidos con el primer beso, no con el primer beso, con la primera evocación de éste, cuando alguien dijo, ´mi amor´, ¿por qué dijo amor? Ya se añoraba que jamás muriera ese sentimiento, esa fuerza que si bien corría por todos los hombres, sólo se podía tocar cuando las miradas furtivas se deslizaban al silencio, entre cuatro paredes, en la alcoba, bajo sabanas, tendidos los cuerpos que se abrieron al infinito sin decir nada, pero sí evocando una fuerza divina, más allá de las caricias, pero nacida de las dulces palmas, del silencio cómplice, de las palabras amables, del canto que declara que en la historia nada es eterno, como sospechamos que sí lo es la verdad. Inquietos vamos entregando el corazón al instante, sedientos de inmortalidad. El río de Heráclito no alivia nuestra sed. 

Fuego, luz. Calor y claridad que muerden el corazón. El fuego acariciado por tantos hombres y mujeres en el aliento de sus amados, de sus inmortales sacrificados a sí mismos. El amor es un entregarse como dios, pero sirviendo cual mendigo. Tenemos el deseo de ver morir al otro por uno mismo, y morir por el otro entre sus manos. La muerte de dos, para ser uno pleno, perfecto. El sacrificio no por obligación, sino libre. Me entrego y ahí surge la fuerza primigenia, alcanzo con un suspiro hondo el cielo. Pero el cielo es su aliento tembloroso, el paraíso es la pequeña muerte compartida entre estertores. Alegría plena, sensual, erótica, para distinguirla del culto a la inmolación egoísta, la voluptas. Pero, ¿qué sería del paraíso sin la mordedura de la serpiente? Sin duda, la condición humana, al menos en cuanto a la hondura de su palpitar. 

Iván

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